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Por lo visto, a estas alturas, a Alejandro Amenabar le gusta tocar todos los palos, director, guionista, compositor de sus propias bandas sonoras, ha rodado largometrajes de suspense, terror, drama, y ahora, ¿por qué no? un film épico de los de romanos de los de antes y es más rodada como los de antes con megadecorados y mucha mucha gente, nada de ordenador (bueno supongo que excepto en las escenas donde se ve Alejandría desde el aire) todo absolutamente todo de autentico y genuino cartón piedra.
Amenabar ha querido homenajear con este film a las maravillas de la antigüedad que allí se encontraban, El Faro, La Biblioteca de Alejandría, que, según él, parece ser que han sido condenadas al olvido en especial por el mundo del cine.
En general la cinta se queda como con ganas de estallar, varios flancos argumentales y todos tratados de manera poco profunda. El personaje de Hipatia se presenta con un halo de misterio gigantesco, una mujer sabia, filósofa de la antigua Roma fuerte influencia para los grandes hombres de la ciudad, confesa enamorada del saber, del conocimiento por la astronomía, sin interés por el amor salvo el que ella le profesa a la ciencia. Un personaje interesantísimo del cual en toda la peli apenas sabemos nada excepto lo que acabo de explicar. Seguramente el poco desarrollo del personaje se debe a que la cinta se centra principalmente en el alzamiento de los cristianos contra los romanos, revueltas que seguramente deberían pasar en un, hipotético, corto espacio de tiempo, con lo cual tampoco nos explican más allá de las revueltas ni del tremendo crecimiento del cristianismo en la ciudad del cual nadie era consciente. Otra de las vías argumentales son las dos historias románticas del film, la de Orestes no correspondida por Hipatia y que empieza y acaba en un visto y no visto con una escena en el teatro y por último, el amor secreto de Davos, el esclavo, por la científica que oculta durante todo el metraje.
Rachel Weisz demuestra que Hipatia le va como anillo al dedo con su semblante frio y sus miradas perdidas casi indiferentes, Max Minghella como Davos el esclavo muy acertado en su interpretación, a parte de su amor hacía su señora, lo demás lo típico guardar silencio y dejarse azotar el resto muy bien, personaje atrapado entre el amor carnal y el espiritual. Oscar Isaac es Orestes del cual empezamos no sabiendo nada, excepto que está enamorado de su maestra Hipatia, dando la sensación de actor de reparto más tarde reaparece como prefecto de Alejandría y convertido al cristianismo como por arte de magia y seguimos sin saber nada de él, ni un poquito de historia.
Amenabar aprueba por inercia y por la intención de su película más que por los resultados, nos cuenta una gran historia pero con todos los elementos desordenados y como arrojados sobre el escenario. Es arriesgado y valiente pero en Ágora parece haber descuidado demasiados detalles.
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La peli tiene todos los ingredientes necesarios que corroboran su autenticidad, es decir para certificar su denominación de origen “Woody Allen”, el personaje es, podríamos decir, un alter ego del director, con las manías, la fobias, el mal humor, la hipocondría, el complejo de superioridad y de inferioridad a la vez con los que siempre gusta de dotar a sus personajes tanto los interpretados por él como por otros actores. Esta vez Larry David es el encargado de encarnar al nuevo “bicho raro” de Allen y la verdad es que a pesar de las posibles carencias que pueda tener Larry como actor nos transmite de manera impecable el carácter del personaje.
Otro punto característico de la cinta son los discursos denuncia del prota, que como el típico músico introvertido y raro que se encierra en la habitación del hotel para después salir de ella y hacer vibrar a todo un estadio repleto de gente, en sus películas Woody parece aprovechar para hablar y quejarse de todo con lo que no comulga y que no suele declarar ante la prensa normalmente.
La actriz es Evan Rachel Wood, Melanie en el film, también la recordaremos como la hija de Rourke en El Luchador o también en La Vida Ante sus Ojos coprotagonizando con Uma Thurman entre otras, aporta esa ingenuidad justa para que el papel de Melanie case a la perfección con Boris, yo me la he creído a pies juntillas la verdad es que no sé si es así en realidad o no, a la nena me la he creído pero lo que no me he tragado es la relación entre los dos personajes han elegido a una mujer demasiado joven para hacer creíble el romance, aunque eso también le gusta Woody. El papel de la madre de Mel, interpretado a la perfección por Patricia Clarkson es otro de los atractivos de la peli protagonizando una metamorfosis de lo más divertida.
Una película recomendada para cualquiera que quiera pasar un rato divertido y de visión obligatoria para cualquier seguidor “Allenista” que se precie, ya que volvemos a encontrar al Allen desaparecido desde hace unas cuantas películas, al genuino clarinetista de Brooklyn.
¡¡Ah!! Y en la próxima Nicole Kidman.