domingo, 18 de octubre de 2009

Ágora

Hipatia es una científica y filósofa en la Alejandría del siglo V bajo el poder del Imperio Romano; da clases en la mítica biblioteca de la ciudad a jóvenes estudiantes en tiempos de revueltas protagonizadas por diferentes etnias religiosas. El imperio está de capa caída y la nueva religión, el cristianismo, capta toda la atención, una religión en crecimiento y completamente intolerante la cual todos creían cosa de minorías se acaba alzando e imponiendo su credo en una persecución a muerte a todo aquello que no acate su palabra, la palabra de Dios.

Por lo visto, a estas alturas, a Alejandro Amenabar le gusta tocar todos los palos, director, guionista, compositor de sus propias bandas sonoras, ha rodado largometrajes de suspense, terror, drama, y ahora, ¿por qué no? un film épico de los de romanos de los de antes y es más rodada como los de antes con megadecorados y mucha mucha gente, nada de ordenador (bueno supongo que excepto en las escenas donde se ve Alejandría desde el aire) todo absolutamente todo de autentico y genuino cartón piedra.

Amenabar ha querido homenajear con este film a las maravillas de la antigüedad que allí se encontraban, El Faro, La Biblioteca de Alejandría, que, según él, parece ser que han sido condenadas al olvido en especial por el mundo del cine.

En general la cinta se queda como con ganas de estallar, varios flancos argumentales y todos tratados de manera poco profunda. El personaje de Hipatia se presenta con un halo de misterio gigantesco, una mujer sabia, filósofa de la antigua Roma fuerte influencia para los grandes hombres de la ciudad, confesa enamorada del saber, del conocimiento por la astronomía, sin interés por el amor salvo el que ella le profesa a la ciencia. Un personaje interesantísimo del cual en toda la peli apenas sabemos nada excepto lo que acabo de explicar. Seguramente el poco desarrollo del personaje se debe a que la cinta se centra principalmente en el alzamiento de los cristianos contra los romanos, revueltas que seguramente deberían pasar en un, hipotético, corto espacio de tiempo, con lo cual tampoco nos explican más allá de las revueltas ni del tremendo crecimiento del cristianismo en la ciudad del cual nadie era consciente. Otra de las vías argumentales son las dos historias románticas del film, la de Orestes no correspondida por Hipatia y que empieza y acaba en un visto y no visto con una escena en el teatro y por último, el amor secreto de Davos, el esclavo, por la científica que oculta durante todo el metraje.

Rachel Weisz demuestra que Hipatia le va como anillo al dedo con su semblante frio y sus miradas perdidas casi indiferentes, Max Minghella como Davos el esclavo muy acertado en su interpretación, a parte de su amor hacía su señora, lo demás lo típico guardar silencio y dejarse azotar el resto muy bien, personaje atrapado entre el amor carnal y el espiritual. Oscar Isaac es Orestes del cual empezamos no sabiendo nada, excepto que está enamorado de su maestra Hipatia, dando la sensación de actor de reparto más tarde reaparece como prefecto de Alejandría y convertido al cristianismo como por arte de magia y seguimos sin saber nada de él, ni un poquito de historia.

Amenabar aprueba por inercia y por la intención de su película más que por los resultados, nos cuenta una gran historia pero con todos los elementos desordenados y como arrojados sobre el escenario. Es arriesgado y valiente pero en Ágora parece haber descuidado demasiados detalles.



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3 comentarios:

Mercedes dijo...

Buenas noches Mario,

Me ha gustado mucho tu crítica. Llevas razón. Pero me quedaré que salí de la película impresionada. Me obligó a reflexionar sobre lo absurdo de las atrocidades cometidas por el hombre en nombre de las religiones, lo triste de la perdida de conocimientos ya adquiridos por nuestros antepasados que fueron destruídos sin contemplación. Me pareció un canto a la amistad. Vaya que mereció la pena ir a verla.

Saludos.

Mario dijo...

Estoy de acuerdo contigo Mercedes, cualquier escusa vale para que merezca la pena ir al cine.
Un abrazo.

Ikusidugu dijo...

Vimos "Ágora" el primer fin de semana de su estreno, y la verdad, a medida que la vamos recordad, mejora (algo así como el buen vino). Lo único que le echamos de menos es un hilo argumental claro y cierta coherencia, ya que en determinados momentos, uno se puede perder entre judios, cristianos y simplemente guerrilleros.

Nada, como tu bien dices, detalles que debe cuidar algo más el bueno de Amenábar.

Saludos y enhorabuena.